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Fotografía, Lifestyle

Mi crónica viajera de Lisboa – Parte II

La cita era, como no, en la Praça del Rossio, empezando allí nuestra ruta guiada…¡¡y qué acierto!! tal y como esperaba, nos enseñó cosas que ni habíamos visto, aún habiendo pasado por la puerta, y nos contó historias, que nunca nos hubiéramos enterado de no ser por ella (o bueno, podríamos haber hecho un master en historia lusa, antes de hacer el viaje, pero tampoco se trataba de eso, ¿¿no??)

Empezamos por la Praça del Rossio, dirigiéndonos a la Igreja De São Domingos (que por cierto, impresionante historia la de esta iglesia)…

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…después, parada “tipical Lisboa” para tomar A Ginjinha, un sabor Lisboeta difícil de olvidar.

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Es un licor hecho con cerezas de ginja (guindas), mezcladas con aguardiente y azúcar junto a otros ingredientes y que, obviamente, no podía ser de otra manera, llevó a la ciudad lusa, un español, más concretamente gallego, y que siendo todo un “visionario del marketing” comenzó a venderlo como un elixir con propiedades curativas, recomendando 6 vasos diarios, siendo esto buenísimo para la salud en general o cualquier tipo de dolencia, sobre todo la garganta…claramente, y tras haber probado esta bebida, puedo decir que claro, después del tercero, lo más probable es que, directamente, no te sientas la garganta, y en el quinto vaso, te de igual tus dolencias y, muchísimo más, tu salud en general, así que, mentir, no mentía. A la hora de pedirlo hay dos opciones, con guindas o sin guindas…estaba claro que lo íbamos a pedir con guindas, lo que significó un adormecimiento lingual, durante un buen rato.

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Después de emborracharnos de buena mañana, y dejando a la derecha el Teatro Nacional D. Maria II, llegamos a la Estação de Caminhos de Ferro do Rossio (la estación de tren, vamos) donde siguiendo las instrucciones de la sabia guía, nos ahorramos un pateo considerable para subir al Barrio Alto, atajando camino por el interior de la estación y usando las escaleras mecánicas, que nos subieron algunos pisos. Ya arriba, y tras caminar un poquito, llegamos a la Plaza Largo do Carmo, en la que, por una callecita lateral, la guía nos mostró un nuevo truco “lowcost”, que es el de acceder al Elevador de Santa Justa, sin pagar ni un duro, ni aguantar eternas colas, más concretamente por la calle Dom Pedro de Menezes, dejando a la derecha el Bella Lisa Elevador, llegas al pasillito que te lleva al Elevador de Santa Justa (visita obligatoria en Lisboa), en el que, de manera gratuita, disfrutas las mismas vistas de La Baixa que los que pagan, sólo que un piso más abajo…creedme, no hay diferencia.

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De allí, nos fuimos a comernos un pastelito de Belem o pastel de nata y, ojo, la palabra “nata”, es lo que se llama un falso amigo, es decir, palabras similares a las españolas, pero con significados totalmente diferente, en este caso nata, significa crema, por lo tanto no esperéis el sabor de la nata por ninguna parte, ya que el pastel está hecho de hojaldre y crema. Aunque los super super originales, están en la zona de Belém, junto al Monasterio de los Jerónimos, es un pastel típico que podréis degustar en prácticamente cualquier pastelería de la zona, e igualmente delicioso.

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Seguidamente llegamos a la zona de Chiado, el barrio más bohemio de Lisboa, frecuentado desde finales del siglo XIX por poetas, artistas y escritores y, sinceramente, creo que no ha cambiado en nada, porque sus calles desprendían arte por los cuatro costados.

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De allí nos dirigimos a la zona de la Alfama, el barrio más antiguo de Lisboa, y superviviente del terremoto de 1755, ya que resistió bastante bien a este destrozo y, en la reconstrucción, no se siguió el esquema “pombalino” (propio del Marqués de Pombal) de diseño cuadriculado y calles anchas, propio de la reconstrucción de La Baixa. Este barrio es como “la Lisboa profunda”, donde están las verdaderas raices, donde se hace la verdadera vida de barrio, entre bacalao y fados y donde perderse entre sus tortuosas calles es sumergirse en las más arraigadas costumbres lisboetas. Pero para llegar hasta aquí, hacía falta un paseito en uno de los míticos tranvías de Lisboa (una maravilla) que nos llevó de manera sorprendentemente airosa, por unas estrechísimas y empinadas calles hasta el Miradouro de Santa Luzia. Seguidamente, visitamos la Catedral de Sé ( Catedral de Lisboa), finalizando nuestra ruta, tras un paseito, en la Praça do Comercio.

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Después de esto, sólo quedaba comer y pasear y pasear, descubriendo nuevos rincones. Ese día ya morí…sí,sí,sí…muerte…la muerte vino a por mí y me dijo que me daba la oportunidad de seguir viviendo, pero si me iba tempranito al apartamento, así que, por puro amor a la vida, le hice caso. Ya el domingo tocaba viaje de regreso, no sin antes hacer una parada en el pueblo de los abuelos, para recoger a la curriti (Kinta).

Así que bueno, llegados a este punto, voy a hacer un “mini-resumen/recomendaciones” de cosas que hacer en Lisboa, para que, con todas las opciones a mano tengamos claro, lo que no nos podemos dejar atrás en la capital lusa.

  • Pasear por La Baixa, desde la La Praça de D. Pedro IV (Rossio), hasta la Praça do Comércio, sin olvidarnos del vasito de ginginha.
  • Recorrer el Barrio Alto ( recordad el truco para subir desde La Baixa, por la estación de tren) y visitar el Elevador de Santa Justa en modo lowcost.
  • Disfrutar de la zona de Chiado, con parada obligatoria en La Brasileria, donde pedir una Bica (para amantes del café) y visitar la librería más antigua del mundo, Bretrand.
  • Perderse en la Alfama, haciendo un descansito para una comida típica, mientras escuchamos un fado.
  • Dar un paseo en tranvía, a poder ser, en el mítico Nº28, ya que su recorrido es estupendo, turísticamente hablando.
  • Visitar el barrio de Belém, con paradas obligatorias en El Monasterio de los Jerónimos, Padrão dos Descobrimentos (Monumento a los Descubrimientos) y La Torre de Belém y, por supuesto, degustar los Pastéis de Belém. Aquí se hacen los más tradicionales pasteles de Belém, siguiendo la antigua receta del Monasterio de los Jerónimos…eso sí, hay que estar preparad@ para aguantar una larga cola, aunque como en todo, hay “truco del almendruco”, entrar al local para comerse el pastelito allí mismo, en lugar de comprarlo para llevar, la cola es mucho menor e infinitamente más rápida, y además, así aprovechamos para disfrutar de un merecido descansito, mientras degustamos nuestro delicioso pastel…aunque como ya he dicho, se pueden comer también en cualquier pastelería del centro, y están igualmente deliciosos.
  • Visitar el Parque das Naçoes donde disfrutar del Oceanario y de un paseo a la orilla del Tajo.

Aquí os dejo un mapita, un tanto cutrecillo, pero creo que bastante apañado para, por lo menos, empezar a descubrir esta maravillosa ciudad…

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…y hasta aquí nuestro viaje a Lisboa del que, lógicamente, os podría dar más datos y detalles, pero creo que me censurarían el post, por pesada y cansina, así que os recomiendo que visitéis esta fascinante ciudad, que os perdáis en sus calles, os enamoréis de sus fachadas, degustéis su comida y os deleitéis con sus fados, yo volveré sin duda…eso sí, trataré de que sea en temporada baja, para tener Lisboa para mi sola.

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1 Comentario

  • Responder Viryinika 16 mayo, 2017 a 02:12

    Qué fuerte y qué alegría saberte medio portuguesa Lucía! Si ya decía yo que me caías fenomenal… jeje
    Me apunto todos tus tips para redescubrir la ciudad y te invito a preguntarme por la maravillosa Porto (si te animaras a regresar a tierra lusa) o, ya para desconexión total, por la tierra de mi mami (Madeira). Jinhos!!!

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